viernes, 23 de mayo de 2014

Resumen sobre 'Los cuatro jinetes de la apocalipsis'

Los cuatro jinetes del apocalipsis es una obra ambientada en el año 1914 en Francia, en la obra se narran algunos sucesos de la primera guerra mundial.
En la obra dos familias se enfrentan: 
  • Los Desnoyers
  • Los Von Hartrott
Cuando Julio Madariaga muere, los Hartrott parten hacia Alemania, mientras que los Desnoyers se van hacia Francia.
Estas dos familias terminan en bandos opuestos en La primera guerra mundial.
El titulo de la obra hace referencia a las diferentes fuerzas, intereses y mentalidades de los países opositores 

En general la obra nos muestra una perspectiva de una Europa la cual no posee estabilidad ni económica ni social.

Fragmento de la obra: Los cuatro jinetes del apocalipsis

El capitán Erckmann, al ver al joven argentino, le ofreció una copa
—Es la guerra —dijo con entusiasmo—, la guerra que llega...¡Ya era hora!
Desnoyers hizo un gesto de asombro. ¡La guerra!... ¿Qué guerra es esa?... Había leído, como todos, en la tablilla de anuncios del antecomedor un radiograma dando cuenta de que el gobierno austriaco acababa de enviar un ultimátum a Serbia, sin que esto le produjese la menor emoción. Menospreciaba las cuestiones de los Balkanes. Eran querellas de pueblos piojosos, que acaparaban la atención del mundo, distrayéndolo de empresas más serias. ¿Cómo podía interesar este suceso al belicoso consejero? Las dos naciones acabarían por entenderse. La diplomacia sirve algunas veces para algo.
—No —insistió ferozmente el alemán—; es la guerra, la bendita guerra. Rusia sostendrá a Serbia, y nosotros apoyaremos a nuestra aliada... ¿Qué hará Francia? ¿Usted sabe lo que hará Francia?...
Julio levantó los hombros con mal humor, como pidiendo que le dejase en paz.
—Es la guerra —continuó el consejero—, la guerra preventiva que necesitamos. Rusia crece demasiado aprisa y se prepara contra nosotros. Cuatro años más de paz, y habrá terminado sus ferrocarriles estratégicos y su fuerza militar, unida a la de sus aliados, valdrá tanto como la nuestra. Mejor es darle ahora un buen golpe. Hay que aprovechar la ocasión... ¡La guerra! ¡La guerra preventiva!
—¿No serán los otros pueblos —preguntó— los que se ven obligados a defenderse, y ustedes los que representan un peligro para el mundo?...
—Tuve el honor de manifestarle, joven —dijo, imitando la cortante frialdad de los diplomáticos—, que usted no es más que un sudamericano, e ignora las cosas de Europa.
No le llamó «indio», pero Julio oyó interiormente la palabra lo mismo que si el alemán la hubiese proferido.

Los Cuatros Jinetes del Apocalipsis


Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

En el siguiente enlace se encuentra la obra completa de "Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis", escrita por Vicente Blasco Ibañez.
Enlace: http://espanol.free-ebooks.net/ebook/Los-Cuatro-Jinetes-del-Apocalipsis/pdf/view

viernes, 16 de mayo de 2014

El matadero: Obra romanticista (:

Esta obra es del romanticismo ya que:
  • La obra integra la lengua tradicional española con los dialectos locales.
  • Incorporo el paisaje a la literatura, y los problemas sociales
  • Se exalta al popularismo sobre lo aristocrático
  • El escritor refleja que en la obra existe una preferencia hacia lo sentimental en vez de lo racional
  • El escritor refleja su actitud frente al arte y rompe las reglas  y las normas clásica, también el autor no tiene en cuenta los esquemas preestablecidos.

Resumen: El Matadero (:

El marco del relato se encuadra en los años posteriores a la Revolución de Mayo, durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, en un matadero vacuno en la provincia de Buenos Aires en Argentina. Más concretamente, el marco temporal se ubica en algún momento de la década de 1830, luego de la muerte de la esposa de Rosas, Encarnación Ezcurra, y durante la época de cuaresma. El relato, que se basa en la descripción de la sociedad de la época, comienza con la descripción de un gran diluvio que duró 15 días y afectó la economía del país causando una crisis y la imposibilidad de utilizar el matadero en este período de tiempo, por lo que hubo falta de carne. Esta carencia, que iba acorde a los mandatos de la iglesia en lo referido a la abstinencia de carne, produjo un aumento en los precios de los otros productos como aves, pescados y rosquillas, y la muerte de mucha gente. Sin embargo, aunque la iglesia dictó que no se debía comer carne bajo el pretexto del pecado, no fue igual de rígida con los gobernantes y el cuerpo religioso, lo que demuestra la hipocresía del gobierno y la iglesia. Echeverría narra que ante la crisis, Rosas “el Restaurador” envía una reducida cantidad de novillos al matadero, los cuales son recibidos con algarabía por la gente, que se pelea para conseguir comida, achuras y testículos de toro. Entre uno de esos animales se encuentra un toro, que se escapa tras producir indirectamente la muerte de un niño que es rápidamente olvidada. El brioso ejemplar es perseguido por varios jinetes, que al final de una larga persecución logran atraparlo y matarlo. Luego de narrar la muerte del toro, entra en escena un joven que es identificado rápidamente como unitario por no llevar luto ni la divisa punzó. El mozo es atrapado y llevado a la casilla del juez del matadero, donde es interrogado y torturado por los federales. El unitario (personificación de Echeverría en el relato de ficción) se resiste manteniendo una actitud desafiante y digna ante las crueldades de los federales. Finalmente, en el momento en que lo pensaban torturar, el joven literalmente estalla de rabia, y muere heroicamente sin haber sido desmoralizado por la tortura, y luego de haber expresado sus pensamientos respecto del régimen federal. 
  • Ignorantes de sus problemas políticos, económicos y sociales
  • Cuando tomaban decisiones no preveían las consecuencias de estas
  • Actuaban por instinto
  • Cuando no sabían el porqué de alguna situación mala solo le echaban la culpa a los unitarios
  • La mayoría del pueblo cree solo en  lo que el gobierno le dice y no se interesa en  investigar más a fondo, o comprobar que si lo que les están diciendo es correcto o verdadero.
  • El pueblo era religioso y muy temeroso de Dios
  • Las personas que formaban parte del Régimen Rosista creían que los unitarios eran menos, y que ellos podían humillarlos, maltratarlos, torturarlos y hasta matarlos.
  • Cuando alguna situación des favorecedora le ocurría al país la culpa se le otorgaba a los unitarios, ya que se creía que como ellos no apoyaban el régimen rosista no apoyaban a Dios por lo tanto él se vengaría de estas desobediencias.
  • La población poseía un criterio y un propio punto de vista muy débil, por lo cual el gobierno podía manipularlos y aprovecharse de esto.
  • A la hora de actuar no media el límite de sus acciones, y no pensaban en la consecuencias que estas podrían acarrear

Resumen: El Matadero (:

A pesar de que la mía es historia, no la empezaré por el arca de Noé y la genealogía de sus ascendientes como acostumbraban hacerlo los antiguos historiadores españoles de América, que deben ser nuestros prototipos. Tengo muchas razones para no seguir ese ejemplo, las que callo por no ser difuso. Diré solamente que los sucesos de mi narración, pasaban por los años de Cristo del 183... Estábamos, a más, en cuaresma, época en que escasea la carne en Buenos Aires, porque la Iglesia, adoptando el precepto de Epicteto, sustine, abstine (sufre, abstente), ordena vigilia y abstinencia a los estómagos de los fieles, a causa de que la carne es pecaminosa, y, como dice el proverbio, busca a la carne. Y como la Iglesia tiene ab initio y por delegación directa de Dios, el imperio inmaterial sobre las conciencias y estómagos, que en manera alguna pertenecen al individuo, nada más justo y racional que vede lo malo.

Los abastecedores, por otra parte, buenos federales, y por lo mismo buenos católicos, sabiendo que el pueblo de Buenos Aires atesora una docilidad singular para someterse a toda especie de mandamiento, sólo traen en días cuaresmales al matadero, los novillos necesarios para el sustento de los niños y de los enfermos dispensados de la abstinencia por la Bula y no con el ánimo de que se harten algunos herejotes, que no faltan, dispuestos siempre a violar las mandamientos carnificinos de la Iglesia, y a contaminar la sociedad con el mal ejemplo.

Sucedió, pues, en aquel tiempo, una lluvia muy copiosa. Los caminos se anegaron; los pantanos se pusieron a nado y las calles de entrada y salida a la ciudad rebosaban en acuoso barro. Una tremenda avenida se precipitó de repente por el Riachuelo de Barracas, y extendió majestuosamente sus turbias aguas hasta el pie de las barrancas del Alto. El Plata creciendo embravecido empujó esas aguas que venían buscando su cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras. La ciudad circunvalada del Norte al Este por una cintura de agua y barro, y al Sud por un piélago blanquecino en cuya superficie flotaban a la ventura algunos barquichuelos y negreaban las chimeneas y las copas de los árboles, echaba desde sus torres y barrancas atónitas miradas al horizonte como implorando la misericordia del Altísimo. Parecía el amago de un nuevo diluvio. Los beatos y beatas gimoteaban haciendo novenarios y continuas plegarias. Los predicadores atronaban el templo y hacían crujir el púlpito a puñetazos. Es el día del juicio, decían, el fin del mundo está por venir. La cólera divina rebosando se derrama en inundación. ¡Ay de vosotros, pecadores! ¡Ay de vosotros unitarios impíos que os mofáis de la Iglesia, de los santos, y no escucháis con veneración la palabra de los ungidos del Señor! ¡Ah de vosotros si no imploráis misericordia al pie de los altares! Llegará la hora tremenda del vano crujir de dientes y de las frenéticas imprecaciones. Vuestra impiedad, vuestras herejías, vuestras blasfemias, vuestros crímenes horrendos, han traído sobre nuestra tierra las plagas del Señor. La justicia del Dios de la Federación os declarará malditos.

Las pobres mujeres salían sin aliento, anonadadas del templo, echando, como era natural, la culpa de aquella calamidad a los unitarios.

Continuaba, sin embargo, lloviendo a cántaros, y la inundación crecía acreditando el pronóstico de los predicadores. Las campanas comenzaron a tocar rogativas por orden del muy católico Restaurador, quien parece no las tenía todas consigo. Los libertinos, los incrédulos, es decir, los unitarios, empezaron a amedrentarse al ver tanta cara compungida, oír tanta batahola de imprecaciones. Se hablaba ya, como de cosa resuelta, de una procesión en que debía ir toda la población descalza y a cráneo descubierto, acompañando al Altísimo, llevado bajo palio por el obispo, hasta la barranca de Balcarce, donde millares de voces conjurando al demonio unitario de la inundación, debían implorar la misericordia divina.

Feliz, o mejor, desgraciadamente, pues la cosa habría sido de verse, no tuvo efecto la ceremonia, porque bajando el Plata, la inundación se fue poco a poco escurriendo en su inmenso lecho sin necesidad de conjuras ni plegarias.

Lo que hace principalmente a mi historia es que por causa de la inundación estuvo quince días el matadero de la Convalecencia sin ver una sola cabeza vacuna, y que en uno o dos, todos los bueyes de quinteros y aguateros se consumieron en el abasto de la ciudad. Los pobres niños y enfermos se alimentaban con huevos y gallinas, y los gringos y herejotes bramaban por el beefsteak y el asado. La abstinencia de carne era general en el pueblo, que nunca se hizo más digno de la bendición de la Iglesia, y así fue que llovieron sobre él millones y millones de indulgencias plenarias. Las gallinas se pusieron a seis pesos y los huevos a cuatro reales y el pescado carísimo. No hubo en aquellos días cuaresmales promiscuaciones ni excesos de gula; pero en cambio se fueron derecho al cielo innumerables ánimas, y acontecieron cosas que parecen soñadas.